Detalle del montaje de una de las salas, con «Glückauf?» (2004)ARTE

Dos décadas llevaba el artista barcelonés sin exponer en su ciudad natal. Lo recupera el MACBA, donde se expresa rotundo. Al mismo tiempo, triunfa con «Invisibles» en el Palacio de Cristal del Retiro (Madrid)

El MACBA es un museo que cuenta entre sus objetivos el de «generar debates críticos sobre el arte y la cultura, una misión que aspira a integrar públicos cada vez más amplios». Podemos destacar que con la exposición Jaume Plensa ha cumplido. Por un lado, ha creado debate entre la crítica sobre la pertinencia de este artista internacional que, tras 22 años de ausencia, vuelve a Barcelona. También ha cumplido el reto de ampliar públicos, dando fiel testimonio de ello las colas en la entrada del museo.

La restrospectiva de Plensa (Barcelona, 1955), comisariada por Ferran Barenblit, funciona como un cuestionamiento constante, desde la primera pieza, para que el espectador decida por su cuenta con qué capa de significado quedarse. Plantea una experiencia multi-sensorial de belleza y poesía. Sus obras batallan con el sonido que crean los propios usuarios de la sala, quienes activan en su recorrido diferentes propuestas. Vista, oído y tacto están al servicio de un trayecto que nos lleva desde la grandilocuencia de sus piezas monumentales a las de dimensiones reducidas o los sutiles detalles en los que recrearse conociendo un nuevo Plensa. Son justamente esas obras más pequeñas o la sutileza de los detalles lo que pasa de largo la mayoría del público, para dejarse llevar por la experiencia de tocar esculturas que activan un sonido envolvente y casi hipnótico. Una sala con una afluencia destacable que nos hace apreciar lo delicado del silencio al que suele dedicar su obra el autor. Un elemento que, en este caso, queda relegado a la imaginación. Primer gran cuestionamiento: apreciar el silencio cuando no está presente.

Una pregunta

Mucho hemos leído estos días sobre Firenze II, la gran escultura-signo de interrogación que da la clave de todo el cuerpo conceptual de la expo, ese cuestionamiento transversal a través de la escultura. Así mismo, sobre Memories Jumelles y los imponentes puntales que atraviesan la sala a la altura del artista con la mano alzada. También ha sido pieza protagonista Glückauf?, la gran cortina de texto que tintinea incansable por acción de algún transeúnte, conteniendo la Declaración Universal de Derechos Humanos. Propuestas monumentales muy reconocibles, como el bosque de The Heart of Trees (en el exterior) o Silence, con las esculturas del Plensa más urbano, de juegos visuales.

De entre la veintena de obras destacaremos tres para que el ojo avizor vaya en busca del artista sutil, quien, sin la grandilocuencia a la que nos tiene acostumbrados, llega a tocar con los dedos la rotundidad del silencio más aplastante sin artificios. Esos tres momentos del recorrido los iniciamos con la instalación Valence, una sala cuadrada de puertas de hierro con una bombilla cálida. Sencillas y efectivas puertas que, con tan solo el detalle de un grabado en su parte superior, dan pie a que la mente se lance sobrevolando el silencio cuestionándose su elección como en un sueño.

Otro críptico momento del recorrido -y que supone un descubrimiento en muchos sentidos- es el conjunto de los tres Self-Portrait. Una trilogía de aguafuertes en los que tan solo con texto, su autor nos lleva a indagar sobre nuestra propia naturaleza y materia. En ella nos descubre de qué estamos hechos, peso incluido. Esta introspección supone el cuestionamiento vital anclado en el silencio y la soledad, conseguido de forma sencilla y directa. Un trío de obras en las que merece la pena detenerse.

A modo de esquelas

Para concluir este paseo por las dudas de la humanidad, nos plantea Islands, instalación de botes de esencias dentro de nichos de resina numerados y que funcionan a modo de esquelas. Se inicia con 1 Frida Kahlo, y acaba con 73 Giorgione, dando fiel cuenta de la mínima presencia femenina. Una instalación con la que plantearse las diferentes lecturas que podemos hacer del arte a través de sus autores, la sesgada mirada que nos aportan, así como la importancia de quienes llegan a conquistar la posteridad. Todo un ejercicio de silencio, recogimiento y dudas, tal y como nos había planteado desde el inicio. Podemos concluir entonces: ¿Y por qué no Plensa en el MACBA?

Jaume Plensa.MACBA. Barcelona. Plaza dels Àngels, s/n. Comisario: Ferran Barenblit. Hasta el 22 de abril.

«Invisibles»

Palacio de Cristal: prueba superada

Por Francisco Carpio

El Palacio de Cristal del Retiro, lo tengo ya dicho y escrito, es un espacio expositivo difícil y peligroso, tanto como asta de miura, frente el que se han estrellado numerosos artistas. En esta ocasión es Jaume Plensa quien presenta Invisibles, un proyecto realizado específicamente para este complejo locus. Se trata de una instalación escultórica compuesta por tres rostros de mujer con los ojos cerrados, confeccionados con mallas de acero, que entablan un sugerente diálogo de representación y de visión a través de dos elementos muy vinculados a la creación plástica -y tridimensional- como son el espacio y la luz, junto a otro factor, más asociado a las mecánicas de expresión narrativas y conceptuales, como es el tiempo, a lo que yo añadiría, tal vez de una forma más sutil y menos «visible», el vector del silencio, quizás la única medicina adecuada para esa enfermedad del ruido mediático que tanto nos aqueja… Confluyen así en esta obra algunas de las principales líneas de acción que han venido ocupando su sintaxis creadora.

El empleo de cabezas -según sus palabras, «el gran palacio de los sueños»-, le acerca a uno de los iconos universales de la escultura, y, en general, de la representación plástica. Son contenedores de identidad, y también de memoria (que él siempre asocia a lo femenino), y que le sirven para construir un ejercicio volumétrico en el que combina tradición y experimentación. Mediante un sutil y lírico juego entre lo público y lo privado, entre lo íntimo y lo colectivo, entre forma y vacío, Plensa propone una pieza que actúa como eco visual de este espacio. Un espacio que se concibe -creo que por vez primera- como una suerte de doble vitrina, conteniendo y mostrando dos distintas posibilidades de visión: de día y de noche. Otros motores dialécticos, como son lo visible y lo invisible, lo material y lo intangible, lo percibido y lo imaginado, siempre a partir de la luz y del espacio, contribuyen a crear un ámbito de transparencias, y de interferencias, francamente atractivo. Prueba superada.

Jaume Plensa. Invisibles. Palacio de Cristal. Madrid. Parque del Retiro. Comisario: Joao Fernandes. Hasta el 3 de marzo de 2019.

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