Tres atletas sin ninguna experiencia en skeleton se entrenan para ir a los Juegos de Invierno de 2022 pese a que España no tiene instalaciones

¿Es posible que un atleta se clasifique para unos Juegos en un deporte que nunca ha realizado, incluso ni conoce, en un país sin instalaciones para practicarlo y todo ello en apenas tres años? La respuesta parece evidente. No. Sin embargo, es posible. Eso cree Ander Mirambell, el pionero y solitario representante en España del skeleton, una modalidad que consiste en tirarse boca abajo en un trineo por un tobogán de hielo a 140 kilómetros por hora.

El pasado otoño organizó un sorprendente casting junto a la Federación Española de Deportes de Hielo para buscar sucesores, consciente de que a los 36 años su final está cerca y detrás de él no había nadie, ni siquiera un meritorio. Más de 110 personas enviaron el currículum y, después de unas pruebas físicas y psíquicas muy rigurosas, apenas quedaron tres. Hasta rastreó las redes sociales de algunos candidatos. “Uno decía que era deportista y tenía una foto fumando en cachimba”, advierte el catalán, primer olímpico español en esta disciplina, que desde principios de año tutela a este trío de seleccionados para guiarles a los Juegos de Invierno de 2022. Ensayan como pueden en un gimnasio o en una pista las salidas y para realizar un descenso completo deben viajar a una estación extranjera, algo que, de momento, solo han hecho dos veces.

Claudia Camacho, de 17 años, nunca había visto skeleton. “No sabía ni qué era”, reconoce. “Solo cuando me pusieron unos vídeos me quería sonar de algo”. Es subcampeona de Cataluña de 200 metros y un día, después de un entrenamiento, llegó al grupo de whatsapp del equipo de atletismo la convocatoria de esta suerte de Operación Triunfo. Se apuntaron varios, pero únicamente ella superó los test. Ha hecho ya más de 30 bajadas en las dos concentraciones que han tenido en Innsbruck (Austria) y Sankt Moritz (Suiza), y posee el récord de velocidad de los tres elegidos, con 122 kilómetros por hora. “No sé por qué, soy la más pequeña”, afirma sorprendida. “En un primer momento te impresiona, pero no sentí miedo. Desde fuera parece más peligroso. En el trineo vamos en tensión pero relajados”, confiesa esta estudiante de Segundo de Bachillerato.

Su compañera Paula Raúl Sada, de 22 años, tiene un recuerdo más accidentado de su bautismo. “Al principio me di muchos golpes, no controlaba la situación. En Innsbruck me caí y, aunque no me hice daño, me asusté porque iba a 120 kilómetros por hora. Al rato volví a tirarme para que no creciera ningún miedo”, cuenta. Esa inseguridad, dice, ha desaparecido. “Cuando me va bien con el skeleton, es una sensación que no tengo con otra cosa”, apunta. Según Ander Mirambell, que le animó personalmente a presentarse a las pruebas porque se conocían al ser ambos de Manresa, “tiene un talento innato para las salidas, pero necesita mejorar el pilotaje”. A ella la decisión no le resultó sencilla. “Le di muchas vueltas. Tengo una vida muy estructurada, me queda un año para terminar la carrera de Educación Social, voy con la mejor nota del grado y sé que esto exige una implicación. Pero bueno, ¿por qué no apuntarse?”, explica Raúl, velocista como Claudia Camacho. De hecho, es la campeona de España sub-23 de 100 metros vallas.

Sobre el papel, estas dos jóvenes lo tienen más fácil, o menos difícil, para lograr el billete a Pekín 2022, ya que el nivel en el circuito femenino mundial es más bajo que en el masculino. “Me va a costar hasta a mí”, asegura el propio Mirambell. El tercer integrante de este peculiar combo es Adrián Rodríguez, un cántabro de 22 años, atleta como sus compañeras, que destacó en categorías inferiores pero veía cómo se le pasaba el arroz para ir a un gran campeonato internacional. El caramelo olímpico fue clave para mudarse del tartán al hielo. “Me encanta la velocidad y me he dado cuenta de que a más velocidad se controla mejor la bajada. Yo antes hacía snowboard y surf, y eso también me ha ayudado para el equilibrio”, comenta. Vive en Castro Urdiales y, al margen de las reuniones periódicas con el resto del equipo, entrena en solitario dos o tres veces por semana en una pista de atletismo con el trineo que le ha mandado la Federación. Se graba en vídeo y se lo envía a los técnicos. Claudia y Paula, las dos catalanas, practican juntas todos los lunes en el CAR de Sant Cugat.

La fuente de inspiración de Mirambell para lanzarse a esta aventura fue Gran Bretaña, cuyo modelo, parecido a este, lleva reportándole medallas varias citas olímpicas, aunque con un millón de euros de presupuesto por curso y más instalaciones. El proyecto español es más humilde en recursos (170.000 euros esta temporada) e infraestructuras. ¿Cómo se puede entrenar entonces el skeleton si no hay ni un solo tobogán a menos de dos horas de avión? Las bajadas, de ninguna manera. Para eso es necesario viajar a una estación de esquí, que fue lo que hicieron a principios de año en Austria y Suiza. Aquí solo pueden practicar en seco los 30 metros de carrera que cada competidor tiene antes de lanzarse hacia abajo. Y no es baladí ese tramo. “La salida supone el 30% del resultado final”, puntualiza Mirambell. Esa es, quizás, la razón que explica por qué los tres seleccionados son velocistas. Uno de los requisitos para estudiar el currículum era tener una marca en 30 metros de 3,75 segundos en el caso de los hombres y de 4,20s para las mujeres.

Ninguno abandonará el atletismo a corto plazo, pero lo irán aparcando según se acerque el momento decisivo. En octubre, todo el equipo se marchará cinco semanas a Estados Unidos para competir en cuatro pruebas de la Copa América. “Este primer año nos vamos a centrar en Norteamérica, creo que es la puerta de entrada a los Juegos. El objetivo ahora es hacer muchas bajadas, más que obtener resultados”, señala Mirambell, que renunciará la siguiente temporada a varias citas de la Copa del Mundo en su calendario para acompañar y entrenar a Claudia, Paula y Adrián. “Ellos tienen que ver esto como una oportunidad de ir a Pekín 2022”, añade. Los tres no cobran nada y, de entrada, tampoco tienen beca. Solo reciben el material y los viajes. “Y ya es más de lo que la Federación hizo por mí. Durante dos años, me gasté en el skeleton el dinero que tenía ahorrado para un coche”.

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