El extremo del Barça, con una nueva rotura muscular, no estará frente al Liverpool y es seria duda para la final copera

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Todavía imberbe y con acné juvenil, a Lionel Messi le costó encajar su cambio físico, de niño a hombre, hasta el punto de que en 2006 se lesionó muscularmente en repetidas ocasiones. “La rotura del velocista”, sentenciaron desde los servicios médicos del Barcelona, que vincularon los contratiempos musculares con su explosividad de arrancada y movimientos. Desde el club le cambiaron la alimentación y trabajaron con diferentes planes físicos para tratar de prevenir unas lesiones que llegan sin aviso. Y funcionó de maravilla. El ciclo de lesiones de La Pulga, sin embargo, recuerda al que vive ahora Ousmane Dembélé, que desde que llegó al Barça ya ha padecido cuatro lesiones musculares y dos esguinces, uno en cada tobillo.

El último contratiempo sucedió el sábado en Balaídos (derrota por 2-0 ante el Celta), apenas 25 segundos después de que comenzara el encuentro, cuando arrancó en un sprint y a los pocos pasos se tiró la mano al bíceps femoral de la pierna derecha, se sentó en el suelo y pidió el cambio. Se había acabado su partido y, posiblemente, su temporada porque estará de tres a cuatro semanas de baja.

En el Barça cuesta entender que Dembélé, quien también es explosivo en sus carreras, nunca se hubiera roto muscularmente antes de llegar al Barcelona. No le sucedió en el Rennes como tampoco en el Borussia Dortmund. Pero desde que lleva la camiseta azulgrana no hay tregua, pues se ha perdido el 32% de los envites por lesión: 22 partidos ligueros de 74 (30%), cinco de Champions de 21 (24%) y nueve de la Copa de 17 (53%). “Soy incapaz como entrenador de encontrar una explicación”, admitió el técnico con cierta irritación Ernesto Valverde tras la intrascendente derrota ante el Celta. Y ahondó: “No es fatiga muscular porque el otro día jugó muy poco y no es en la pierna que tuvo la rotura. Ha calentado bien. Supongo que son cosas que suceden. Pero es un contratiempo importante”. Sobre todo porque de inicio o de suplente, Dembélé es un revulsivo para el Barça, un futbolista que baila a su aire frente al ataque académico azulgrana, casi siempre dirigido por Messi. Y por delante está la vuelta de las semifinales de la Champions (3-0 vencieron en la ida al Liverpool), además de la final copera (25 de mayo) y posiblemente el partido definitivo en Europa (1 de junio). “La peor noticia son las lesiones porque veníamos a no hacernos daño”, reflexionó el medio Aleñá tras medirse al Celta.

Problemas con Salah

La ausencia de Dembélé, que subraya a Coutinho como la gran alternativa para jugar de extremo izquierdo, tampoco alivia, en cualquier caso, a un Liverpool que también está gafado. Entre otras cosas porque Firmino, que pudo jugar unos minutos frente al Barça, recayó de la lesión al tiempo que Salah es duda porque recibió en la cabeza un fuerte golpe del portero del Newcastle, Martin Dubravka. Tan fuerte, que se retiró en camilla y con lágrimas en los ojos. “Ha visto el final del partido desde el banquillo y estaba bien. Pero hay que esperar para ver si puede jugar ante el Barça”, señaló Klopp, que tendrá que tirar de ingenio para recomponer a su tridente ofensivo, toda vez que el único ileso es Mané. Origi, Wijnaldum, Shaqiri y Sturridge son los aspirantes al once. Pero ninguno como los originales. Tampoco como Dembélé, único por sus cualidades en el Barça.

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