La capitana del Barcelona, ante una cita histórica, explica los grandes cambios que ha experimentado el fútbol femenino español y que ella ha vivido en primera persona

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Vicky Losada (Terrassa, 28 años) está radiante. No es para menos, es la capitana del Barcelona, el primer equipo español en disputar la final de la Champions League. Sonríe, no pone límites de tiempo ni acusa fastidio ante la cantidad de compromisos que le tiene preparado el club. En el Miniestadi, aquel estadio en el que Guillermo Amor reemplazó a Maradona y en el que Messi disputó un puñado de partidos antes de saltar al Camp Nou, el mismo escenario donde las azulgrana batieron al Bayern Munich en las semifinales, probablemente el hito más grande del fútbol femenino, Losada se siente como en casa. Habla de fútbol y habla de todo.

Pregunta. ¿Qué pensó la primera vez que su padre la llevó a entrenar al Barça?

Respuesta. Veníamos en coche, los dos solos. Ni hablaba. Estaba muerta de miedo. Era el gran FC Barcelona, el equipo en el que todo el mundo quiere jugar. Y yo era muy introvertida, muy vergonzosa. Entrenábamos en los campos anexos al Mini. A veces, en los de tierra, donde ahora está el parking del Camp Nou.

P. ¿Tierra?

R. Las rodillas me quedaban con los agujeritos que te dejan las piedras de la tierra. Pero no me importaba. Jugaba porque me hacía feliz. No pensaba en nada más. Hoy las chicas ven la televisión, el Twitter, el Instagram y quieren ser como Messi.

P. O como Vicky Losada…

R. Sí, también. Hoy en día, sí. Y es bonito, no lo voy a negar. Pero cuando era pequeña no había preocupaciones por el qué dirán ni adonde teníamos que llegar en el fútbol.

P. ¿Había otras barreras?

R. Nunca me preocuparon los comentarios machistas. Cuando el árbitro pitaba esa gente se callaba porque me veía jugar. Cuando iba junto a mis compañeros a los campos, decían: ‘Mira ese equipo, tiene una niña’ [habla en tonó burlón]. Y después del partido: ‘Madre mía, ¡cómo juega la niña!’. Han cambiado muchas cosas.

P. Por ejemplo.

R. Los vestuarios. Yo llegaba aquí y no hablaba. Lo que decían las capitanas era sagrado. Ahora las niñas son más atrevidas. Cuando yo subí al primer equipo con 15 años, las mayores me chillaban y hasta me levantaban en el campo. Hoy en día no es así. Se habla, se razona.

P. ¿Qué tipo de capitana es?

R. Estoy cambiando. Antes era más dura. Intento adaptarme a las chicas de la nueva generación. Soy muy directa, pero las trato bien, con cariño. Cuando veo que algo no es correcto lo digo y si hay que pegar un grito, lo pego. El gran cambio, sin embargo, fue la profesionalización.

P. ¿Por qué?

R. Es otra manera de gestionar todo. Nosotras somos 18 internacionales y juegan 11. Eso siempre va a crear un conflicto. Cada vez llegan jugadoras más competitivas. Por ejemplo, antes si faltabas a entrenar un día, no jugabas. Era una manera de afianzar el compromiso. Ahora, si una jugadora no ha trabajado en toda la semana por equis motivos, el fin de semana juega los 90 minutos y nadie dice nada. Es decisión del míster. Para la chica que está en su posición es algo duro, pero esa es la mentalidad profesional. La élite funciona así.

P. ¿Qué partido visualiza ante el Lyon?

R. Van a ir a por nosotras desde el principio. Creo que tenemos posibilidades, como equipo somos mejor que ellas. Pero no hay dudas de que será intenso y de que vamos a sufrir.

P. ¿Los equipos técnicos sufren mucho ante los físicos?

R. Se nota un poco la diferencia, sí. Tienes que hacer un partido redondo, de mucha movilidad y sin perder el balón. Y movernos como grupo. Si dejas un poco de espacio o cometes un error táctico, ellas son más rápidas y marcan la diferencia. Pero con coberturas y un buen posicionamiento eso se puede suplir. El estilo es el de los que juegan allí [señala el Camp Nou].

P. El mismo que el de ustedes.

R. Pero mira el Liverpool. Si esos tipos no estaban así de bien físicamente hubiesen sufrido más para ganarle al Barça. Pero, por momentos el Barça perdió mucho el estilo y eso es lo que no tiene que pasarnos. Tenemos que jugar con nuestro sello. Y si vamos a morir, que al menos sea siendo fieles a nosotras mismas.

P. ¿Cómo ha forjado este estilo su generación, porque no todas han empezado de muy pequeñas?

R. Llegué con 14 años y tuve tiempo de aprender. Entonces éramos amateurs y es verdad que lo que trabajamos nosotras entonces es lo que hoy hacen en el alevín o en el benjamín.

P. En España no pueden ganar la Liga, sin embargo, están en la final de la Champions, ¿cómo se convive entre el éxito y el fracaso?

R. Impacta que estemos en una final de Champions sin haber ganado LaLiga. El Atlético ha hecho dos temporadas muy buenas y muy regulares. Hay otra situación y lo digo sin ningún tipo de problema: la gente sale más fuerte ante nosotras que ante el Atlético. Pero tenemos que estar por encima de eso, hemos perdido puntos que no debíamos perder.

P. ¿Hay una explicación?

R. Es un aprendizaje que nos ha servido a todas. Pasamos momentos duros, con cambio de entrenador. Desde que está Lluís [Cortés], las cosas están más claras. Antes estábamos jugando de una manera a la que el equipo no estaba acostumbrado. Fran [Sánchez, despedido en enero] es un buen entrenador, pero hizo algunos cambios tácticos que a nosotras nos hicieron perder la confianza y estabilidad.

P. Entonces, ¿no esperaban esta final?

R. Llega pronto. Hemos tenido suerte en el cuadro, pero hay que jugar. Hicimos una muy buena Champions. Encajamos tres goles solamente. Competimos muy bien en la Champions, muy bien en el Mini. De pequeña podías soñar con jugar una Champions, pero estaba tan lejos tan lejos, que te parecía ridículo. Ahora las niñas claro que pueden soñar con ganar una Champions.

P. ¿Qué piensa cuando ve su imagen junto a la de Leo Messi?

R. Que las cosas han cambiado mucho. Ya no solo en el fútbol, sino en la sociedad. Al final, los medios de comunicación, las marcas apuestan por nosotras y eso nos da visibilidad. Y me alegra, me alegra mucho.

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